Los cuidados paliativos en pacientes con dolor crónico han presentado un desarrollo importante en la última década. Su implementación ha ejercido una influencia positiva sobre instituciones de salud y servicios sociales ya que fortalecen el ejercicio de poder brindar a las personas calidad de vida y despedirlos en mejor término cuando sea el momento (1). El dolor, a pesar de no ser la única variable, es la que más genera preocupación al paciente y su familia, por ello es de vital importancia abordarlo de una forma específica y oportuna.
Este contexto determina un enfoque de atención diferente, ya que en el paciente terminal el factor tiempo es de suma relevancia.
Esta situación implica la necesidad de valorar cuidadosamente la trascendencia además del riesgo beneficio en las decisiones terapéuticas y el resultado esperado, comprendiendo que unas horas de dolor en un paciente terminal suponen un gran sufrimiento, añadido a la propia situación de encontrarse en la etapa final de la vida o de su enfermedad (2). Al tratar el dolor
se evitan gran cantidad de alteraciones orgánicas y psicológicas a causa de todo lo que desencadena encontrarse en un estado de algidez.
El dolor, según la Real Academia Española, es la sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior, sentimiento de pena y congoja. En 1973, en Seattle (Washington), se celebra el Primer Simposio sobre el dolor y se crea la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP de sus siglas en inglés), definida como: “una experiencia
sensorial y emocional desagradable, asociada con una lesión presente o potencial, o descrita en términos de la misma”.
Algunos profesionales no consideran los cuidados paliativos y el tratamiento del dolor como un asunto de máximo interés, ya sea por la preocupación excesiva por la dependencia que provocan en los pacientes, específicamente los opiáceos, la deficiente educación sobre el tema y la no aplicación de técnicas paliativas disponibles para mejorar la
calidad de vida y disminuir el dolor.
Tipos de dolor
- Por sus características fisiológicas o farmacológicas se distinguen los siguientes tipos:
- Dolor nociceptivo: que puede ser somático (cuando se estimulan los receptores del dolor
específicos en los tejidos cutáneos y conjuntivos profundos; cuanto más superficiales sean esos
receptores mejor será la localización del dolor); y visceral (se produce por la lesión, distensión,
obstrucción o inflamación de órganos torácicos, abdominales o pélvicos).
- Dolor nociceptivo: que puede ser somático (cuando se estimulan los receptores del dolor
- Dolor neuropático: causado por la lesión o la destrucción de los nervios localizados en el
sistema nervioso periférico o central, de características lancinantes, “como un latigazo” y de
difícil control.
- Dolor mixto: con características de ambos grupos. La mayoría de los pacientes presentan dos
o más tipos de dolor con la posibilidad de que estos sean causados por distintos padecimientos
coexistentes.
Maneras de medirlo:
Se han desarrollado escalas de evaluación con el objetivo de evaluar, reevaluar y comparar el dolor, su aplicación fundamental es la valoración de la respuesta al tratamiento, más que el diagnóstico. Los instrumentos diseñados son subjetivos, siendo la base de la intensidad del dolor lo que refiere el propio paciente, los hay que miden una única dimensión y los multidimensionales.
Las escalas deben contemplar las deficiencias cognoscitivas del lenguaje y las sensoriales, y las unidimensionales más empleadas en la práctica clínica son Escala numérica de intensidad de dolor.
Valora el dolor mediante números que van de mayor a menor en relación con su intensidad, las más empleadas van del 0 al 10, siendo el 0 la ausencia de dolor y el 10 el máximo dolor. Es clave en personas que padecen de trastornos visuales importantes.
Para algunos enfermos puede no ser comprensible este tipo de escala. Escala descriptiva simple de intensidad de dolor. El paciente expresa la intensidad de su dolor mediante un sistema convencional, unidimensional, donde se valora desde la ausencia del dolor hasta el peor dolor posible
Escala visual analógica (EVA). Es el método subjetivo más empleado. Consiste en una línea recta o curva, horizontal o vertical, de 10 cm de longitud, en cuyos extremos se señalan los niveles de dolor mínimo y máximo. La persona debe marcar con una línea el lugar donde cree que corresponde la intensidad de su dolor. La más empleada es la línea recta horizontal.
Escala de círculos y colores. Evalúa la intensidad del dolor en correspondencia con la de los colores de los círculos (que va del más pequeño al más grande y con tonalidades mas intensas)
Los pacientes bajo cuidados paliativos precisan de un abordaje del dolor diferenciado, su situación clínica condicionará el uso de técnicas de tratamiento diferentes a las que se plantean en la situación de dolor crónico. Es más importante cómo, que cuáles analgésicos se usen, y el tratamiento debe ser preventivo. La complejidad del dolor requiere de premisas claras antes de enfrentarlo, la adecuada elección de un analgésico depende de características tales como la etiología, cuantificación e intensidad del dolor, y la edad del enfermo, consideradas de importancia capital a la hora de aplicar un tratamiento correcto.
Guía de Cuidados
1: Astudillo W, Mendinueta C, Orbegozo A. Presente y futuro de los cuidados paliativos. http://www.cuidadospaliativos.org/archives/biblioteca/Presente%20y%20futuro%20de%20los%20Cuidados%20Paliativos.pdf
2: Morrison LJ, Morrison RS. Cuidados paliativos y tratamiento del dolor. Med Clin N Am. 2006;90:983-1004.
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