Hablemos de trastornos de la conducta alimentaria.
Uno de los problemas de salud pública que se vive actualmente es la prevalencia de obesidad y sus complicaciones en la población mexicana en grupos de edad cada vez menores.
Dicha situación ha puesto en alerta a la población y el área de salud se ha esforzado por erradicarla mediante la promoción de la alimentación saludable, el hábito de la actividad física, además de otras estrategias. Sin embargo, un aspecto que ha perdido atención son las alteraciones en la salud mental de quienes de manera contraria desarrollan una preocupación excesiva y desproporcionada por la comida ingerida y el efecto de la misma en el cuerpo.
Este grupo de alteraciones se conocen como trastornos de la conducta alimentaria y los efectos a corto y largo plazo son tan alarmantes como la presencia de obesidad. Actualmente la población más vulnerable con respecto a este tipo de trastornos son los adolescentes y adultos jóvenes, aunque se han presentado casos donde el inicio presenta desde la infancia.
Algunos de los factores vinculados al desarrollo de este tipo de alteraciones provienen principalmente de la educación que damos en casa y escuela acerca de la alimentación, hábitos saludables, los estereotipos de imagen física o belleza que a su vez están relacionados con la representación del éxito y el reconocimiento social.
Estos patrones de enseñanza generan que algunas personas comiencen a presentar pensamientos de perfeccionamiento e insatisfacción corporal interminables que, a pesar de estar en parámetros saludables o muy por debajo de los mismos, tratan de regular con comportamientos alimenticios de riesgo como dietas sumamente restrictivas, atracones, laxantes o purgas que, al no recibir apoyo oportunamente, se convierten en trastornos como bulimia nerviosa o anorexia nerviosa.
Los resultados de ambos trastornos pueden ir desde un estado de desnutrición severa, pérdida de densidad ósea, de masa muscular y cabello, resequedad en la piel, hasta daños orgánicos como falla renal, pancreatitis o la muerte en algunos casos.
¿Cómo podemos prevenir este tipo de alteraciones?
Considero que una de las principales acciones a tomar ante esta problemática, y cualquiera que tenga que ver con el cuidado del peso, es reconceptualizar lo que entendemos como salud y un cuerpo “cuidado”. Las repercusiones de ideas como “si está gordito está sano” o “las personas delgadas representan la belleza o saludables” pueden ser muy similares aunque parecieran representar estilos de vida distintos.
Entender y atender el cuidado del cuerpo abarca desde comprender que no existe un peso universal que represente la salud de las personas, muchas veces a pesar de estar en el “peso ideal o estándar” no es representación de estar en las condiciones adecuadas de salud y es por eso que no podemos reducir la salud a este valor.
Transmitir esta idea del cuidado de cuerpo y la salud física a las nuevas generaciones, además de las acciones pertinentes como conocer tu cuerpo, normalizar acudir con un experto en nutrición como cualquier otro especialista en salud y el hábito de ejercitarse pueden ser la clave para evitar que estos trastornos cobren la vida de muchas personas.
¿Qué hacemos si conocemos a alguien en esta situación (o somos nosotros quienes atravesamos por estas conductas de riesgo)?
Como con cualquier otro problema emocional y comportamental, el primer paso es NO JUZGAR, los trastornos de conducta alimentaria no son solo comportamientos para bajar de peso exagerados, existe un componente emocional, caracterizado por un devaluación propia, severa y constante, que puede agravarse al recibir juicios externos como “te ves muy mal tan delgado” “tienes que comer” “te vas a morir”, etc.
Lo más importante es ofrecer apoyo y orientación acerca de qué hacer, lo cual incluye comenzar a recibir atención psicológica, nutricional, médica y de rehabilitación de forma inmediata donde será necesario aprender a amar su cuerpo de una nueva forma, a así como a alimentarlo y fortalecerlo con nuevas estrategias.
Finalmente, es fundamental entender que la recuperación tanto física como emocional será un PROCESO donde habrá en ocasiones retrocesos y dudas por quien presenta el trastorno, por lo que el apoyo familiar y social es indispensable en cuanto a cambio de hábitos y conceptos de salud.
Nunca está demás recibir apoyo.
Lic. Psic. Yadira Bravo.
Personal Coach.
Fuentes:
- Escolar-Llamazares, M., Martínez, M., González, M., Medina, M., Mercado, E., & Lara, F. (2017) Risk factors of eating disorders in university students: Estimation of vulnerability by sex and age. Revista Mexicana de Trastornos Alimentarios, 8, 105-112.
- López, C., Raimann, X., & Gaete, V. (2015) Prevención de los trastornos de conducta alimentaria en la era de la obesidad: rol del clínico. Revista Médica Clínica Las Condes, 26 (1), 24-33.
- Rodríguez, B., Oudhof, H., & González-Arratia, N. Conductas alimentarias de riesgo: prevalencia en mujeres de nivel superior del Estado de México
- Rodríguez, M., Hernández, J., Bolaños, P., Ruiz-Prieto, I., & Jáuregui-Lobera, I.(2015). Alimentación familiar y percepción de riesgo en trastornos de la conducta alimentaria. Nutrición Hospitalaria, 32(4),1786-1795
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