La automedicación se define como el hábito de consumo y dosificación de medicamentos para tratar padecimientos y/o síntomas conocidos por el propio individuo sin la intervención de un profesional de la salud ( Ruiz, ME. (2010). Risks of self-medication practices. Septiembre 2019, de NCBI / PubMed Sitio web: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20615179)
Con la introducción de la cannabis como alternativa médica ha aumentado la tendencia en el consumo y la recomendación de productos con cannabinoides de manera libre, se calcula que aproximadamente el 70% de la población de nuestro país, se automedica (medicamentos en general y/o alópatas) según encuesta de opinión pública de la UVM en 2013.
Es nuestro país tenemos arraigado el mal hábito de ir directamente a la farmacia y comprar lo que creemos necesitamos o bien hacer caso de lo que nos dice algún conocido o familiar que debemos tomar sin antes consultar con un profesional, ya sea porque queremos ahorrarnos el dinero de la consulta o no le damos la importancia debida a nuestra salud y a lo que estamos por auto – administrarnos.
Cabe mencionar que, cada individuo presenta determinadas características que los profesionales de la salud tienen en cuenta al momento de prescribir un tratamiento y en la mayoría de los casos difiere mucho entre un paciente y otro.
La automedicación puede llegar a provocar sintomatologías como dolor de cabeza, somnolencia, náuseas, diarreas, urticaria en personas sin padecimientos importantes o adyacentes al que están tratando en el momento. En el caso de los antibióticos, la automedicación constante provoca la resistencia de las cepas bacterianas.
La automedicación en el tratamiento con cannabinoides no es la excepción, las personas al tener en cuenta que los derivados de la cannabis provienen de una planta y que se encuentran dentro del organismo de manera natural, les facilita la tarea de usar y recomendar cannabinoides indiscriminadamente o terminan confundiendo el uso recreacional con el medicinal, argumentando que se necesitan dosis muy elevadas en determinado lapso para llegar a causar un daño significativo al organismo.
El hecho de presentar una enfermedad nos lleva a utilizar el término “medicinal” en el uso del cannabis, y por esta razón, es necesario dar por sentado que antes de utilizarla hay que recibir asesoría médica. Si bien, la planta posee muchos beneficios, hay que tomar en cuenta que el uso de derivados cannabinoides no tiene efectos adversos en personas SANAS, antes, han de tomarse en cuenta una serie de variables como se haría con cualquier otra sustancia destinada al tratamiento de una enfermedad tales como:
- Edad
- Variables antropométricas (peso, estatura)
- Tolerancia (antecedentes de uso, toxicomanías adjuntas y tiempo de uso previo)
- Sensibilidad (natural y específica en cada persona)
- Antecedentes patológicos (independientes de la enfermedad o padecimiento actual)
No debemos dejar de lado que a pesar de ser de origen natural, la cannabis posee químicos, naturales, pero al fin químicos, que al entrar al organismo van a generar una reacción, van a desencadenar síntomas que irán en función de tu condición orgánica, el derivado que utilices y la dosis ingerida, no todas las personas precisan del mismo tratamiento, no todas las personas reaccionan de la misma manera al mismo tratamiento, aun presentando la misma enfermedad, y lo más importante, cada derivado de cannabis tiene distintas propiedades, y que a pesar de ser la misma sustancia y la misma dosis podrían desencadenar un efecto totalmente opuesto en personas con distintas necesidades o sintomatología.
Además, en el caso de que la persona esté tomando otros medicamentos asociados con un tratamiento, es aconsejable que se haga una consulta previa con un profesional de la salud certificado en el tema sobre la compatibilidad de tratamiento y sus interacciones.
La medicina cannábica puede ser tu aliada, solo procura usarla con la responsabilidad que merece, desde el momento que acudes a esta alternativa para recuperar tu salud, debes tener en cuenta que es un tratamiento y como cualquier otro necesita de una valoración previa y del respaldo clínico de un profesional.
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