Una de las situaciones que actualmente se ha convertido en una prioridad dentro del cuidado de la salud mental es la prevención del suicidio. A nivel mundial 800,000 personas pierden la vida como consecuencia de éste y en México la cifra se acerca a 6,300 personas anualmente.
A pesar de estas cifras en incremento, durante algún tiempo atrás hablar de suicidio se consideró como inapropiado, peligroso y sin mucho sentido, puesto que se llegó a suponer como algo inevitable o una forma de llamar la atención de aquella persona que lo intenta y no llega a su objetivo.
La realidad es que el suicidio es mucho más complejo que el acto mismo de terminar con la vida, nos habla de la presencia de desesperanza y un futuro abrumador, la idea de que nuestras habilidades no son suficientes para continuar día a día, así como de un sufrimiento severo y constante. También es referente de un entorno carente de apoyo familiar o acceso a instituciones que favorezcan el desarrollo personal.
Cuando hablamos de suicidio es difícil hablar de una causa específica o única que lo detone, por lo que con base en la información recopilada de diversos estudios podemos hacer referencia a factores relacionados que pueden potencializar este tipo de comportamientos, aunque no causarlos de manera directa. Estos factores se agrupan de dos maneras, algunos son:
INMODIFICABLES
- Herencia
- Sexo (hombres)
- Edad: Adolescencia y vejez
- Estado Civil: viudez, divorcio
- Situación laboral o económica
- Creencias religiosas
- Conducta suicida previa
MODIFICABLES
- Alteraciones psiquiátricas y/o emocionales: ansiedad, depresión, esquizofrenia, etc.
- Abuso de sustancias
- Salud física
- Habilidades de afrontamiento
- Apoyo social
- Impulsividad / agresividad
Muchos de los esfuerzos actuales en la prevención de suicidio están mayormente orientados a la población adolescente, ya que como vimos es un factor altamente relacionado, con el que también pueden coincidir el debut de problemas emocionales, el abuso de sustancias y alteraciones en el apoyo social presente. Sin embargo, existe otro grupo de edad vulnerable que ha carecido de atención, tal vez debido a que se piensa como natural y esperado el deterioro de salud física, así como la muerte, en este caso se habla de la vejez.
¿Por qué aumenta la probabilidad de suicidio en nuestros viejitos?
Existen una serie de particularidades que tienen lugar durante la tercera edad que exigen un grado de adaptación muy considerable y que lamentablemente en ocasiones se piensa se dará de manera natural, partiendo principalmente de la idea de que la experiencia acumulada con los años y las bajas expectativas a futuro lo facilitará.
Sin embargo, esto no necesariamente es así. Una de las situaciones en las que se exige un alto nivel de adaptación es el desarrollo de enfermedades crónicas y el deterioro que estás comienzan a generar en la funcionalidad de las personas. Se han identificado que padecimientos que se relacionan con altos grados de dolor, disminución de las actividades posibles a realizar, así como deterioro cognitivo (memoria y razonamiento) se asocian con alteraciones emocionales importantes como depresión y ansiedad, que a su vez también son factores vinculados con la ideación e intentos suicidas. Entre los padecimientos identificados se encuentran la insuficiencia cardíaca congestiva, EPOC, incontinencia urinaria, desórdenes psiquiátricos, artritis reumatoide, parkinson y alzheimer.
Al ser el suicidio una problemática derivada del conjunto de varios factores, el que este tipo de enfermedades se presente ya sea de manera individual o a la par con otras, se conjunta con la necesidad constante de depender de otras personas en cuanto a cuidado y economía, la disminución de contacto social más allá del cuidador, periodos largos de soledad y el acceso a medios para llevar a cabo el suicidio, como medicamentos, armas de fuego, sogas, sustancias tóxicas, etc.
¿En qué debemos empezar a poner atención?
Es sumamente importante acabar con mitos acerca del suicidio en general y más en las personas de la tercera edad, entre ellos el pensar que por ser personas mayores el deterioro emocional es normal, la adaptación a una enfermedad crónica es sencilla o que ya han vivido lo suficiente.
Algunas estrategias en la prevención del suicidio pueden ser:
- Fomentar el contacto social, la realización de actividades diarias, así como el facilitar espacios de expresión de necesidades emocionales y físicas en ancianos es fundamental para evitar la presencia de pensamientos de inutilidad, desesperanza y soledad.
- Evitar promover el aislamiento y el hacer todo por ellos bajo la idea de procurar su seguridad.
- Estar atentos a cambios en el comportamiento repentinos relacionados con “dejar todo arreglado”, elaboración de testamentos, resolución de problemas pasados, pago de cuentas etc.
- No juzgar si la persona expresa la idea de terminar con su vida. Es necesario hablarlo y ofrecer apoyo para buscar otra alternativa.
Recordemos que cada etapa de la vida debe ser disfrutada y en ninguna es normal o esperado que las personas pasen por un deterioro emocional severo. Siempre es posible hacer algo para ayudar las personas que pasan por una situación de este tipo, y aunque nadie es responsable de que una persona decida terminar con su vida, estar en disposición de apoyo puede hacer la diferencia.
Nunca está demás recibir apoyo.
Lic. Psic. Yadira Bravo.
Personal Coach.
Referencias
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