La artritis reumatoide es una enfermedad crónica, que afecta la vida social, emocional y física de las personas. Desde la década de 1920, se han utilizado distintas dietas con el fin de mejorar los síntomas de la artritis reumatoide. Las principales consideraciones son las siguientes:
- Ácidos grasos: Se ha estudiado el efecto de los omegas 3 y 6 como coadyuvantes en el tratamiento de la artritis reumatoide y se ha encontrado que aquellos pacientes que consumen una proporción de aceite de pescado (fuente de omega 3) significativamente menor y una mayor cantidad de grasas vegetales (ricas en omega 6) presentan mayores índices de actividad de la enfermedad. A su vez, otro estudio en el que se evalúa la eficacia del aceite de oliva y el aceite de pescado administrados de forma conjunta comparándolo con la suplementación única de aceite de pescado, obtienen una mejoría rápida y
significativa. En los estudios en los que utilizan la suplementación con ácidos grasos poliinsaturados (mayoritariamente
ácidos grasos omega-3) se ha encontrado reducción en el consumo diario de antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y la disminución del dolor. Este efecto se debe a que los ácidos grasos, una vez ingeridos, pasan a formar parte de los fosfolípidos de las membranas del organismo. Allí son precursores de moléculas biológicamente activas implicadas de manera importante en los procesos inflamatorios. - Protección de la masa ósea: Por medio de la nutrición se busca frenar la pérdida de masa ósea, favorecer la recuperación de fracturas óseas y disminuir los trastornos inflamatorios asociadas al hueso y a las articulaciones. La nutrición incluye alimentación, estilo de vida y estado nutricional, todos factores fundamentales en el crecimiento y el mantenimiento de la masa ósea. Por ejemplo, el consumo de cafeína o de alcohol, el consumo excesivo de sodio o de proteínas, así como el sedentarismo, pueden tener un impacto negativo sobre la salud ósea. Aproximadamente el 80-90% del contenido del hueso se compone de calcio y fósforo, pero también las proteínas, magnesio, zinc, flúor, hierro y vitaminas C, A, D y K son necesarios para su formación y mantenimiento por lo que es necesario garantizar la ingesta adecuada de todos estos nutrimentos.
- Peso adecuado: Es importante evitar el sobrepeso, ya que sobrecarga las articulaciones de sostén (rodilla, tobillos y
caderas) y puede agravar la patología articular. Al mismo tiempo se debe cuidar que el paciente no caiga en caquexia reumatoide, esto es pérdida de peso (grasa y músculo) de manera involuntaria, esta pérdida de peso es causada por el aumento en gasto energético derivada de la inflamación y el catabolismo de proteínas estructurales por efecto de citocinas inflamatorias, dicho de una manera muy simple el cuerpo usa su propio músculo para obtener energía. - Dieta mediterránea: La dieta mediterránea se caracteriza por un alto contenido de frutas, verduras, legumbres y grasas insaturadas (especialmente aceite de oliva), un contenido adecuado de pescado y un bajo contenido de lácteos y carne roja. Los nutrientes principales de esta dieta (vitamina C y E, carotenoides y polifenoles) poseen una alta capacidad antioxidante. Se ha encontrado evidencia del beneficio de este tipo de dieta en pacientes con artritis reumatoide están relacionados con el dolor, la rigidez matutina, el número de articulaciones inflamadas y una mejora de la percepción de salud general.
- La dieta adecuada: En conclusión, una dieta equilibrada, rica en frutas, vegetales, con proteínas de alto valor biológico, con consumo moderado de cierto tipo de grasas (aceite de oliva y ácidos grasos omega 3) y con control del peso, podría ser beneficiosa en la evolución de las enfermedades reumáticas.
Por:
Melissa Tena
Wellness Specialist
Referencias
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